Es una enfermedad neurodegenerativa de comienzo gradual y curso lentamente progresivo, habitualmente inicia con la perdida de la memoria episódica reciente (a corto plazo) hasta llegar a dejar a la persona totalmente dependiente (Donoso, 2003; Llibre y Guerra, 2002).

Puede presentarse antes de los 50 años de edad, aunque es poco frecuente, se ha encontrado mayor prevalencia en personas mayores de 70 años. Es más frecuente en mujeres que en hombres. Y tiene carácter hereditario (Donoso, 2003; Llibre y Guerra, 2002).

Para su diagnóstico el DSM-IV exige (Donoso, 2003):

  • Pérdida de dos o más funciones cognitivas, una de las cuales debe ser la memoria; la otra puede ser el lenguaje, la capacidad ejecutiva, entre otras
  • La pérdida de estas funciones cognitivas interfieren con las actividades habituales del paciente
  • La causa debe ser una afección orgánica cerebral
  • Debe excluirse el compromiso de conciencia o psicosis, es decir ausencia de una explicación alternativa para este trastorno

El Alzheimer implica no sólo fallas de memoria como comúnmente se conoce, sino que involucra otros aspectos cognitivos como la falta de concentración y atención, de la capacidad ejecutiva, aprendizaje procedural, trastornos del habla, entre otras, las cuales tienen origen a media que avanza la enfermedad. Se pueden distinguir 3 etapas. La primera se caracteriza por las fallas de la memoria; en la segunda se agregan trastornos del lenguaje; y en la tercera el paciente queda incapacitado, postrado en cama (Donoso, 2003).

Causas del alzheimer

Existen múltiples razones por las que se puede originar el Alzheimer, sin embargo no están claras, determinados autores indican que se trata una enfermedad compleja resultante de la interacción de factores genéticos y ambientales, pudiendo estar relacionada con (Llibre y Guerra, 2002):

  • Edad avanzada
  • El sexo femenino
  • La historia familiar de demencia o síndrome de down
  • Los antecedentes de trauma craneal
  • La enfermedad tiroidea
  • La depresión
  • Bajo nivel de educación

 

Efectos del Alzheimer en la salud mental y física

Es frecuente que existan problemas conductuales o psicológicos como consecuencia de este padecimiento.

De estos trastornos, la acatisia suele presentarse con mayor frecuencia, es una ansiedad motora que les impide permanecer tranquilos en un lugar, que los obliga a ir de un lugar a otro, a sentarse y levantarse en forma incesante, a caminar sin descanso. Esto no solo afecta a la persona que lo padece sino también al cuidador principal, implicando un agotamiento físico considerable (Donoso, 2003).

El sueño también se ve afectado, suele ser superficial y breve. Estas personas se despiertan a medianoche desorientadas, vagan por la casa, intentan salir a trabajar y muestran resistencia ser acostado de nuevo. Asimismo, puede presentarse episodios de depresión, pérdida de iniciativa, tendencia al llanto; pero también es posible un estado de inquietud y ansiedad (Donoso, 2003).

En la etapa más avanzada de la enfermedad estas personas pueden presentar estados confusionales, que hace referencia al compromiso de conciencia, es decir, mayor desorientación, a veces alucinaciones y agresividad, temblor, desequilibrio, y otros (Donoso, 2003).

Tratamiento del alzheimer

Al tratarse de una enfermedad en la que intervienen una multiplicidad de factores, es necesario un abordaje completo con la ayuda de un equipo especializado, que incluya tanto el tratamiento médico como la atención psicológica.

A nivel farmacológico, los medicamentos están orientados a mejorar los defectos cognitivos y otros destinados a corregir los trastornos conductuales. Actualmente los más utilizados son los antioxidantes, vitamina E, anti-inflamatorios, estrógenos, antidepresivos, tranquilizantes, inductores del sueño, los antiepilépticos, entre otros (Donoso, 2003).

En cuanto a la orientación psicológica, se ha encontrado que la terapia con enfoque cognitivo conductual ha resultado altamente eficaz para el acompañamiento de personas con Alzheimer, principalmente porque es una enfermedad que no solo  involucra un compromiso a nivel estructural cerebral, sino que también se ve comprometido el pensamiento, las emociones y comportamiento de la persona. (Donoso, 2003; Castillo y Cols, 2012).

La terapia con enfoque cognitivo conductual está enfocada en modificar creencias o pensamientos erróneos sobre una situación determinada, pues parte de la premisa de que el comportamiento se ve influenciado por los pensamientos y las emociones. En tal sentido esta modificación puede contribuir con el bienestar de la persona al tener pensamientos más funcionales que le permitan afrontar la situación problemática de una mejor manera. Sin embargo, a pesar de la eficacia de esta terapia, para la aplicación de sus técnica en casos de personas con deterioro cognitivo, debe realizarse una exploración neuropsicológica que posibilite determinar las funciones afectadas, para la posterior planificación de la estrategia de intervención, tomando en cuenta las limitaciones cognitivas del paciente las cuales pueden variar de cuerdo a las fases de dicha enfermedad.

Entre sus técnicas están:

Psicoeducación: Es una de las técnicas más utilizadas en estos casos pues busca la integración familiar basada en el conocimiento del trastorno que presenta el paciente, es decir, se les proporciona la información necesaria del problema, así como de su origen y mantenimiento del mismo. Ya que, normalmente no se cuenta con una información confiable sobre los trastornos mentales lo que puede generar sentimientos de frustración tanto en la persona afectada como en los familiares.

Comunicación asertiva: Esta técnica está orientada cuidador, familiar u otra persona que interactúe con el paciente cuyo objetivo es adecuar la comunicación verbal y no verbal al grado de deterioro cognitivo del paciente. Este entrenamiento involucra: hablar clara y pausadamente, con mensajes cortos y simples, mantener el contacto visual cara a cara, para conservar la atención y concentración, repetir las informaciones necesarias, dejar tiempo para que se comprenda lo que se le dice, entre otras (Rimm y Master, 1990).

Restructuración cognitiva: Es una técnica utilizada para identificar y corregir ideas, creencias o pensamientos negativos que se producen ante una situación pudiendo provocar ansiedad o cualquier tipo de inestabilidad emocional. Teniendo en cuenta que la enfermedad de Alzheimer puede desencadenar este tipo de trastornos se considera una técnica útil en estos casos (Castillo y Cols, 2012).

Entrenamiento de la memoria: Se trata de hacer recordar al paciente una determinada información en intervalos de tiempo cada vez más largos (5, 40, 90 segundos). Cuando se presenta un fallo en la recuperación de la información, se lleva al intervalo de tiempo anterior en que se logró el recuerdo (Díaz y Sosa, 2010).

Terapia ocupacional: Consiste en el uso de las diversas manifestaciones del arte (música, dibujo, pintura, danza, cuentos) como terapia. Su objetivo es el de estimular funciones como la atención y concentración, función ejecutiva y visuoespacial, memoria episódica y remota, y lenguaje en el paciente con deterioro cognitivo. Se llevan a cabo en espacios parecidos a los talleres de actividad artística (Díaz y Sosa, 2010).

Terapia lingüística: Esta técnica está destinada a abordar los trastornos del lenguaje que se pueden generar a raíz de esta enfermedad, con el objetivo de optimizar el discurso y la capacidad de comunicación de la persona afectada. No solo está orientada a la persona con Alzheimer sino también a su contexto próximo (Ayala, y Cols, 2017).

Neurofeedback: Es una técnica de condicionamiento operante donde los pacientes aprenden a modificar su actividad eléctrica cerebral mediante sencillos ejercicios de estimulación. Con esta técnica se puede enseñar a manejar las ondas cerebrales. Permite mejorar la activación general lo que repercutirá positivamente en el resto de funciones cognitivas como la atención, la memoria, la velocidad de procesamiento, entre otras funciones, que son las funciones mayormente afectadas en la enfermedad de Alzheimer.

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